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02
Abril
2016

AFCP: La falta de políticas foresto-industriales y de visión empresarial frenaron el desarrollo de la industria de celulosa y papel en la Argentina

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Osvaldo Vassallo, presidente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP) y de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), se refirió a la "debilidad estructural" de la Argentina para desarrollar esta industria ante "la ausencia de políticas foresto-industriales y a la falta de visión empresarial, ya que la Argentina debió importar celulosa y papel por nada menos que 600 millones de dólares el año pasado y para el 2020 se estima lo hará por 2.000 millones", dijo. En ese escenario, mientras se esperan inversiones por 20.000 millones de dólares en Brasil, por 8.000 millones en Chile y por 3.500 millones en Uruguay, nada firme hay previsto aún en la industria celulósico-papelera de Argentina. Incluso, el directivo alertó que Colombia, Paraguay, Perú y Ecuador tienen importantes planes de forestación, de modo que el país tiene posibilidades ciertas de volver a perderse la historia.

 

 

Fuente: AFCP Noticias Nº 203

 

BUENOS AIRES (Abril 2016).- La AFCP Joven debatió la actualidad del mercado papelero en una jornada que contó con un panel de expertos conformado por Osvaldo Vassallo, presidente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP) y de la Asociación Forestal Argentina (AFoA); Marcos Uribelarrea, gerente del negocio papel de Ledesma; Guillermo Schcolnik, director de Celulosa San Pedro, y Patricio López Pagani, gerente de marcas de family care de Kimberly Clark Argentina.

 

La AFCP Joven es una iniciativa de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel que se creó con el propósito de formar a los dirigentes del futuro, y su primera actividad del año se desarrolló el 22 de marzo pasado, en la sede de la cámara empresaria en Buenos Aires.

 

Para comenzar las charlas, Osvaldo Vassallo presentó sus propuestas sobre cómo solucionar lo que calificó como “debilidad estructural de la Argentina” en la industria forestal, justificando dicha apreciación en que el país apenas produce poco menos de 1 millón de toneladas de celulosa y 1,7 millón de toneladas de papel, contra Brasil que fabrica 15 millones y 10 millones, respectivamente. También señaló que los tres últimos emprendimientos importantes del sector se remontan a 1982 con la instalación de Alto Paraná, hoy Arauco; a 1983, con la de Papelera Tucumán, y a 1995, con la de La Papelera del Plata.

 

Como causas centrales -de la mencionada debilidad estructural- señaló a la ausencia de políticas foresto-industriales y a la falta de visión empresarial, ya que la Argentina debió importar celulosa y papel por nada menos que 600 millones de dólares el año pasado y para el 2020 se estima lo hará por 2.000 millones. En ese escenario, mientras se esperan inversiones por 20.000 millones de dólares en Brasil, por 8.000 millones en Chile y por 3.500 millones en Uruguay, nada firme hay previsto aún en la industria celulósico-papelera de Argentina. Incluso, el presidente de la AFCP y AFoA alertó que Colombia, Paraguay, Perú y Ecuador tienen importantes planes de forestación, de modo que el país tiene posibilidades ciertas de volver a perderse la historia.

 

Un ejemplo de lo contrario, según indicó, podría ser el desarrollo del proyecto de una planta de producción de papeles marrones en base a celulosa de fibra larga que se estudia para la provincia de Corrientes, por supuesto que mediante la necesaria articulación público-privada que permita llevar adelante la iniciativa.

 

A su turno, Marcos Uribelarrea se refirió a las principales variables que condicionan la actualidad de los papeles de impresión y escritura. Señaló en primer término que el consumo de libros, revistas y cuadernos, tiene una elevada relación con el crecimiento del PBI y de la incorporación de personas a la clase media de los correspondientes países. Pero destacó que el impacto de las tecnologías es claro sobre todo en los Estados Unidos y, aunque un poco menos, en Europa. Otra amenaza la advirtió el área corporativa y su actual afán por la digitalización de archivos con el propósito de reducir costos. Pero al mismo tiempo subrayó que en Asia, América Latina y África muchas personas recién comienzan a tener la capacidad de realizar este tipo de consumos.

 

Respecto del papel obra, Uribelarrea señaló que el mercado está en equilibrio, en tanto que sobre el papel encapado indicó que existe sobreoferta, a pesar de que se están cerrando capacidades en Europa. Con relación a fabricantes de China como APP, enfatizó que “ataca mercados muy grandes con políticas de dumping” y que las medidas antidumping dictadas en los Estados Unidos provocaron que haya 750.000 toneladas anuales dando vueltas y que lo propio puede pasar con el papel obra.

 

Con relación a la Argentina, señaló que el consumo no se mueve desde 2008, cuando tuvo su pico. Pero recalcó que todavía existen barreras al impacto de la tecnología, como su falta de empleo en universidades y escuelas, lo que también ocurrió en Brasil. “Hay mucho por hacer. Argentina ha perdido oportunidades pero no significa que las siga teniendo”, completó.

 

Guillermo Schcolnik se refirió a continuación a los papeles para envases, que representan más del 50% del consumo general de la población y que se puede fabricar en grandes volúmenes y a bajo costo, a partir de dos orígenes: fibra de pinos para envases de exportación y papel recuperado. El mercado actual, contó, incluye la producción de 700.000 toneladas anuales de papel para envases, de 100.000 toneladas de cartulina, y de otras 100.000 toneladas de papel para bolsas, por lo que se deben importar 250.000 toneladas al año de papeles de fibra virgen con origen en Brasil, Chile y los Estados Unidos.

 

En general, concluyó, “las fábricas de papel reciclado son instalaciones rudimentarias que necesitan incorporar tecnología, bajar sus costos, aumentar su escala y concentrarse en unidades más grandes, lo que va a ser inevitable”.

La jornada se cerró con las palabras de Patricio López Pagani, quien hizo hincapié en la innovación, por ejemplo con productos de doble hoja, que permite diferenciarse. Sobre todo, en un mercado de papel higiénico con una penetración de 98% y que presenta en la góndola una enorme diversidad de oferta para el consumidor, que suele verse confundido.

 

 

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