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18
Abril
2014

La creación de valor compartido, una evolución de la RSE

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“En el desarrollo territorial no sobra nadie y, al no sobrar nadie, todos tenemos que tener un rol. Junto con el desarrollo se juega la competitividad de las compañías: no podemos mostrar en el largo plazo que las compañías fueron exitosas si el territorio no tuvo el desarrollo humano que corresponde”, señala en una entrevista a Río Negro Online el consultor Juan Escobar Belmar.

 

 

Fuente; Rio Negro OnLine

 

Juan Escobar Belmar es ingeniero forestal. Chileno de nacimiento, hizo buena parte de su carrera en la industria forestal argentina en el Litoral, donde comenzó a implementar modelos de creación de valor compartido en Bosques del Plata (CMPC). Hizo experiencia en distintos países de América Latina y cuenta entre ellas trabajos en zonas de guerrilla en Colombia y con comunidades mapuches en su país. En los últimos años, se dedicó a asesorar sobre el tema y por eso arribó a Neuquén, donde mantuvo reuniones con el gobernador Jorge Sapag y con distintas empresas para dar a conocer su perspectiva.

En su discurso de apertura de sesiones legislativas, el gobernador introdujo un concepto casi desconocido para la industria local: la creación de valor compartido. Se trata de una práctica superadora de la Responsabilidad Social Empresaria, que busca dejar de lado la mera filantropía para apuntar a un desarrollo conjunto de las compañías privadas con su entorno social, algo que a simple vista parece difícil pero que tiene experiencias en el mundo.

 

–¿Cómo se define el concepto de crear valor compartido?

–El derecho de la propiedad, a beneficiarse de la riqueza que genere, evolucionó. Aparecieron actores interesados en ese negocio que dijeron "una parte de esa renta nos pertenece a nosotros porque nosotros también asumimos costos y tenemos algún derecho". Lo que se genera entonces es que una parte de la renta hay que repartirla. Pero esa visión también fue superada, cuando surgió una teoría que postula que hay un público interesado que no quiere un pedazo de la torta sino agrandar la torta para generar valor económico para todos. Se busca entonces crear valor en un territorio y compartirlo con terceros que también tienen intereses legítimos. Porque la inversión impacta y es impactada por el entorno: las sociedades se han empoderado y eso marca hoy la senda.

 

–¿Cuál sería un ejemplo práctico para aplicar esto?

–Por ejemplo, puedo tener un proceso productivo que llega a un área y digo: "Voy a incorporar oferta local en este proceso". Entonces vemos que la oferta local no califica técnicamente pero, si voy a estar ahí por mucho tiempo, puedo desarrollar esas capacidades o fortalecer las organizaciones sociales alrededor de mi empresa. No es sólo enseñar a la gente cómo producir, sino también enseñar a gerenciar esos negocios. No es bueno que existan proyectos exitosos en el territorio y por otro lado haya comunidades en la pobreza.

 

–¿Es una forma de conducir el derrame que tendrá esta actividad?

–Yo sería más drástico. Esto no es derrame, hay que crear valor entre las partes. En el desarrollo territorial no sobra nadie y, al no sobrar nadie, todos tenemos que tener un rol. Junto con el desarrollo se juega la competitividad de las compañías: no podemos mostrar en el largo plazo que las compañías fueron exitosas si el territorio no tuvo el desarrollo humano que corresponde.

 

–¿Este proceso se debe conducir desde el sector privado? En Neuquén se trabaja en una normativa para apuntalar esta práctica.

–Como decía, en el desarrollo no sobra nadie, y uno de los que participan es el Estado. Las instituciones tienen que confluir, tiene que haber diálogo y señales. En ese sentido en Neuquén, con la potencialidad que tiene el futuro, se perciben señales fuertes y categóricas. El tema es cómo se hace esto. No es filantropía, yo cumplo un rol para que exista desarrollo social. Y para Neuquén, con Vaca Muerta, es un desafío.

 

–Hay empresas que operan en Neuquén que ya tienen proyectos de este tipo.

–Sí, hay empresas que adhirieron. Por la visita que hemos realizado en Neuquén vemos que hay iniciativas que están en esa línea. Lo que pasa es que hay que focalizar: si hay un potencial tan importante en Neuquén, hay un trabajo que hacer, hay un desafío. Si hay gente que no tiene posibilidades de desarrollo económico, hay una obligación. No es cuánto te doy y arreglate, sino cómo construimos valor social en una región con un potencial inmenso. Este concepto no sirve si uno piensa sólo en la renta del accionista: la renta debe sustentarse y eso implica tener en cuenta el aspecto social.

 

–En Argentina no existe el nivel conflictividad que hay en Chile, pero hay muchos reclamos de comunidades originarias sobre la explotación petrolera…

–Hay que instalar el diálogo, la generación de confianza y analizar qué es lo que culturalmente desean para no perder identidad. Hoy puede haber relaciones de poder que hace 15 años no había, pero hay que generar opciones genuinas. En mi experiencia personal me tocó construir procesos de paz desde la empresa, por ejemplo, con personas condenadas por delitos terroristas. Inicié esos procesos y se generó confianza. Desde mi experiencia la palabra de un lonco conlleva tal valor que no se transa.

 

–¿Cómo ve el modelo de YPF para encarar este tipo de política?

–Pienso que tiene un gran desafío porque es referente de un país con mucha riqueza. Pero también tiene una vara alta, porque se aspira al desarrollo humano. Si la compañía madre va a tomar esas decisiones, tiene que tener su estrategia para sustentar –y creo que la tiene–. También tendrán que hacerlo sus socios. La sustentabilidad de esta zona se va a dar en la medida en que los miembros de esta sociedad vean los beneficios y tengan futuro. Cada agente debe cumplir con su rol.

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