Imprimir
PDF
09
Junio
2014

Código Forestal, una ley que promete revolucionar el Brasil rural

Compartir en FacebookCompartir en Twitter

A dos años de su aprobación, este mes el gobierno federal publicó las directrices del llamado Código Forestal.Todos los agricultores deben proporcionar mapas detallados de sus tierras a los registros estatales, que las autoridades utilizarán luego para vigilancia vía satélite y a través de visitas en terreno si están deforestando. Quienes violaron reglas previas deben restaurar las áreas degradadas ilegalmente en el pasado.

Fuente: La Tercera

 

CHILE y BRASIL (9/4/2014).- Con su acento caipira del interior de Brasil, Wilson Wittman, un productor de leche originario del sur de Brasil, no se ve como el salvador de la Amazonía.

 

Pero el trabajo en su propiedad cerca de la ciudad de Alta Floresta, estado de Mato Grosso, es parte de los esfuerzos para hacer más productiva la agricultura en el Amazonas y, con ello, aliviar la presión por una mayor destrucción de la mayor selva tropical del mundo.

 

Con asesoría de expertos del Instituto Centro de Vida (ICV), una organización conservacionista, Wittman ha aumentado la productividad de su ganado lechero hasta 7.000 litros de leche por hectárea al año, casi siete veces el promedio estatal.

 

Esto se ha logrado en un par de años con modificaciones sorprendentemente simples, como la limpieza de las ubres de las vacas con yodo para reducir las bacterias en la leche -las bacterias disminuyen la productividad. Los agricultores también animan a las vacas a mantenerse en pie al alimentarlas después del ordeño, en lugar de dejarlas echarse de inmediato, lo que vuelve a contaminar la ubre.

 

“Son prácticas sencillas y no cuestan nada, pero aumentan la productividad”, explicó Wittman, un hombre delgado y cuyo rostro curtido refleja su duro pasado como buscador de oro o garimpeiro.

 

Las lecciones aprendidas por Wittman y otros en el proyecto piloto de Centro de Vida, la iniciativa de ganado integrado, podrían resultar útiles a decenas de miles de otros agricultores de todo el Amazonas, mientras Brasil se prepara para implementar una nueva ley que restringe la deforestación.

 

Dos años después de que fuera aprobada por el Congreso en una amarga batalla entre ambientalistas y ruralistas o el lobby de los agricultores, el gobierno federal publicó este mes las directrices para la aplicación de la ley, conocida como el Código Forestal.

 

Las emisiones agrícolas son un gran contribuyente al cambio climático. Con casi 13% de las emisiones totales, la agricultura es el segundo mayor generador de gases de efecto invernadero después del sector energético, según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, su sigla en inglés), una organización no gubernamental. Brasil es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura, después de China, seguido por EE.UU. e India, dijo el WRI, que la semana pasada publicó nuevas directrices para medir tales emisiones.

 

La ley aún promete revolucionar el Brasil rural -si se aplica correctamente- dicta la cantidad de tierra que los tenedores privados pueden deforestar, protegiendo el 80% de la Amazonía, el 35% del cerrado o sabana y el 20% en otros lugares.

 

Todos los agricultores deben proporcionar mapas detallados de sus tierras a los registros estatales, que las autoridades utilizarán luego para vigilancia vía satélite y a través de visitas en terreno si están deforestando. Quienes violaron reglas previas deben restaurar las áreas degradadas ilegalmente en el pasado.

 

Guilherme Linares Nolasco, vicepresidente de Acrimat, una asociación de criadores en Mato Grosso, dijo que la nueva ley impone disposiciones onerosas a los ganaderos brasileños que sus competidores en el extranjero no enfrentan. Y planteó que si bien los ganaderos aceptan estas responsabilidades, el resto del mundo debería compensar a Brasil de alguna manera por la prestación de este servicio ambiental. “El problema es quién va a pagar esta cuenta”, dijo.

 

Tal vez la parte más innovadora de la ley es una disposición que permite a quienes tienen cobertura forestal por encima de los límites reglamentarios, venderla en forma de créditos a personas cuyas propiedades tienen déficits.

 

Esto importa, porque aunque el Código Forestal exige a los agricultores conservar grandes cantidades de vegetación, también permite que aquellos con cobertura por encima de los límites las talen. Este bosque “en exceso” equivale a una gran cantidad de tierra y, potencialmente, a la liberación de mucho carbono a la atmósfera.

 

Según el investigador Gerd Sparovek, 957.000 kilómetros cuadrados de vegetación nativa (un área más grande que el estado de Mato Grosso, uno de los estados más grandes de Brasil) podrían ser deforestados legalmente bajo la nueva ley.

 

Laurent Micol, coordinador ejecutivo de ICV, dijo que si bien la correcta aplicación del Código Forestal era importante, resulta igualmente crucial lidiar con las presiones comerciales sobre el medioambiente.

 

La ofensiva contra la deforestación en Brasil en los últimos años ha cambiado la ecuación para los ganaderos. Alguna vez, el negocio fue cuestión de limpiar tierra y soltar el ganado y limpiar un poco más de terreno cuando el primero se degradaba. Ahora, ante una oferta de suelo limitada, tendrán que ser más productivos.

 

Aquí es donde entran agricultores como Wittman. Además de ayudar a los productores lecheros, el ICV también está ayudando a los ganaderos a producir más carne en la misma cantidad de hectáreas. Los primeros proyectos piloto en Alta Floresta han aumentado la productividad de la producción de carne a cinco veces el promedio estatal.

 

“Estamos saliendo de la era de la economía de la deforestación”, dijo Micol. “Ahora, sobre todo en el ámbito de la ganadería, los productores tienen el reto de dar con un nuevo modelo de negocio”, añadió

show_section: Sur Forestal