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24
Agosto
2014

Costa Rica: Parques menos visitados del país son joyas por descubrir

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Cada mes, el Parque Nacional Volcán Poás recibe la visita de 49.000 personas. Mientras, al Parque Nacional Piedras Blancas apenas llega a los 30 turistas. “De vez en cuando, uno ve que vienen. Pagan la entrada y siguen su camino”, comentó el guardaparques Ólger Jarquín, quien labora en Piedras Blancas.El riesgo de tener alta afluencia en unos parques es que el turismo, en lugar de ser beneficioso para el área silvestre y las comunidades, se convierte en una amenaza. “Un turismo no planificado causa un impacto grandísimo porque va a afectar los ecosistemas y las relaciones entre las especies”, comentó Jorge Castrillo, administración del Parque Nacional Diriá.

 

Fuente: La Nación . POR MICHELLE SOTO M. / msoto@nacion.com

 

COSTA RICA (24/08/2014).- Costa Rica posee 28 parques nacionales. Sin embargo, los turistas van a unos pocos. Según el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), cuatro parques nacionales concentran el 64% de las visitas. Poás, Irazú, Manuel Antonio y Marino Ballena acumularon 1.037.441 ingresos en el 2013, mientras que Piedras Blancas, Barbilla, Guanacaste, Juan Castro Blanco y Diriá registraron 965 visitantes a lo largo del año.

 

El riesgo de tener alta afluencia en unos parques es que el turismo, en lugar de ser beneficioso para el área silvestre y las comunidades, se convierte en una amenaza. “Un turismo no planificado causa un impacto grandísimo porque va a afectar los ecosistemas y las relaciones entre las especies”, comentó Jorge Castrillo, administración del Parque Nacional Diriá.

 

El acoso de las lanchas para observar ballenas, el encandilamiento de tortugas durante el desove y las caries que afectan a los monos por comer alimentos procesados fueron ejemplos dados por Jenny Asch, gerente de Áreas Silvestres Protegidas del Sinac, sobre las alteraciones causadas por el turismo.

 

“Es ponernos a pensar hasta dónde la cantidad de personas puede resultar dañina para los mismos ecosistemas. De ahí, la estrategia de trasladar a los turistas de las áreas más visitadas a otras que tienen mínima visitación”, manifestó Deiver Conteras, administrador del Parque Nacional Barbilla.

 

Con ello, se estaría ayudando a los parques de baja visitación que están atrapados en un círculo vicioso: la falta de ingresos frena la inversión en infraestructura para atender a las personas que no llegan porque, precisamente, no encuentran en esos sitios las condiciones básicas.

 

Aunque el Sinac es solidario (las 10 áreas protegidas que generan más fondos ayudan al mantenimiento de las otras 159), el cobro de entradas es el mecanismo con que se capta la mayor parte del dinero. “Por ejemplo, la planilla de guardaparques se paga en parte con los recursos que se generan por visitación”, detalló Asch.

 

Los funcionarios no son los únicos afectados por la poca visitación. Las áreas protegidas son motor de desarrollo para las comunidades aledañas.

 

“La zona sur del país es una de las más pobres y si se lograra establecer una estrategia para desahogar esos parques que son muy visitados y mandar gente a estos otros, creo que sería bueno”, opinó Julio Solano, administrador del Parque Nacional Piedras Blancas.

 

 

 

Parque Nacional Barbilla: El bosque primitivo que custodian los cabécares

 

 

Cuando se visita el Parque Nacional Barbilla (PNB), ubicado en Altas Brisas de Siquirres, uno se acerca al estado primitivo de la naturaleza. Son 11.994 hectáreas de bosque primario de tipo tropical lluvioso, abrazadas por los pueblos indígenas de Chirripó y Nairy aguari.

 

Tal condición la provee de un estado de conservación envidiable. “Se trata de una zona que nunca se ha intervenido”, comentó Deiver Contreras, administrador del PNB. Eso explica la presencia de felinos como los jaguares, los cuales poseen un sitio privilegiado en la cosmología cabécar.

 

“Esta es una zona de tránsito para los felinos y sus presas que vienen del Parque Internacional La Amistad”, dijo Contreras.

 

Para llegar allí, se ingresa por un camino de lastre que está justo a la par del puente sobre el río Pacuarito, en la carretera que lleva a Limón. El recorrido es pesado; se dura una hora y requiere vehículo de doble tracción.

Ya en el parque, hay dos opciones. Se puede tomar un sendero que recorre varias cataratas escondidas en 2 kilómetros (km) de bosque o caminar un trayecto de 8 km hacia la naciente del río Barbilla.

 

Para ese segundo recorrido se requiere de buena condición física y experiencia en montaña. “Nosotros recomendamos la compañía de un guía de la comunidad”, sugirió Contreras.

 

Este es un parque que se visita por el día. Aunque guardaparques y mujeres de la comunidad buscan fondos para incentivar un turismo rural comunitario que permita al visitante hospedarse en el pueblo y así disfrutar a plenitud del parque.

 

Es importante llevar calzado adecuado para caminar en barro; lo mejor son las botas de hule, así como doble mudada de ropa.

 

No hay restaurantes cerca; así que el turista debe llevar sus alimentos fríos, porque no hay donde cocinar, y abundante hidratación.

 

La entrada al parque cuesta ¢1.000 para nacionales y $5 para extranjeros. Más información al teléfono: (506) 8396-7611.

 

 

 

 

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