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06
Enero
2014

Fernando Raga: “El conflicto mapuche no tiene amenazado al sector forestal como industria”

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El presidente de la Corporación de la Madera dice que el problema se localiza en una zona específica y que la relación con la mayoría de las comunidades es buena. “No es para pensar que está todo en llamas”, asegura. La industria forestal ha optado por desarrollar su operación lejos de este sector, y aunque ve en La Araucanía un enorme potencial para la actividad maderera, hoy sus mayores inversiones se concentran en el Biobío. Según Conaf, en 2012 casi 50% de los bosques plantados estaba en el Biobío y 18,2% en La Araucanía. En una década, no ha bajado drásticamente el nivel de plantaciones.

Fuente: La Tercera

Foto: Archivo LignumCHILE (6/01/2014).- Es una zona específica, pero no tan pequeña, la que hoy sirve de escenario a los episodios más violentos del conflicto mapuche. El presidente de la Corporación Chilena de la Madera (Corma), Fernando Raga, la sitúa en el límite de la Región del Biobío con La Araucanía, hacia el lado de la costa. Allí, dice, “hay algunos sectores donde no se puede ejercer soberanía en los predios y hay actividades que no se pueden realizar”.

 

La industria forestal ha optado por desarrollar su operación lejos de este sector, y aunque ve en La Araucanía un enorme potencial para la actividad maderera, hoy sus mayores inversiones se concentran en el Biobío. “Si uno mira los índices de desarrollo de La Araucanía, ve que está bien postergada, y eso tiene que ver con que no hay paz social”, asegura el ejecutivo. Según Conaf, en 2012 casi 50% de los bosques plantados estaba en el Biobío y 18,2% en La Araucanía. En una década, no ha bajado drásticamente el nivel de plantaciones.

 

Raga, quien en 2010 asumió la presidencia de este gremio, que agrupa a las grandes empresas del sector, lleva 32 años en el negocio, varios de ellos en cargos ejecutivos en Forestal Mininco, de CMPC, donde ya no participa. Desde su experiencia, advierte que el conflicto ha ido escalando en magnitud con los años. Lo de las últimas semanas, opina, es preocupante, aunque recuerda episodios peores. Pese a esto, condena enérgicamente el ataque sufrido esta semana por Carabineros en la llamada “zona roja” y la quema de un helicóptero destinado al combate de incendios forestales.

 

En su opinión, falta una condena social más directa a la violencia. “El silencio por parte de líderes de opinión sobre este tema ayuda a que quienes cometen estos hechos sientan que no los rechazan”, acusa Raga.

 

¿Cómo califica la etapa que atraviesa hoy el conflicto mapuche?

 

Diría que el conflicto se ha ido fortaleciendo en el tiempo, a pesar de que ha habido otras épocas bien virulentas. Ahora se nota mucho porque, según leí, se han producido 12 eventos en las últimas dos semanas. Me imagino que es porque ellos consideran que estas son semanas emblemáticas, por la conmemoración de la muerte de Matías Catrileo.

 

¿Qué es lo que más les preocupa de esta situación?

 

La actitud violentista nos preocupa. Los ataques a las brigadas y a los equipos son una cosa muy baja.

 

¿Cómo se ha visto afectada la actividad forestal por estos hechos?

 

En distintas faenas hemos tenido ataques; hay algunas zonas donde no se puede ejercer soberanía en los predios y hay actividades que no se pueden realizar.

 

En todo caso, es bueno que se sepa que la inmensa mayoría de las comunidades mapuches son pacíficas y que estamos hablando de un margen muy pequeño de sectores violentos. Tampoco es como para pensar que está todo en llamas. Hay muchísima gente de comunidades que trabaja en firmas forestales y agrícolas.

 

En general, ¿es tranquila la relación entre las forestales y la comunidad mapuche?

 

Si eso se midiera por el número de comunidades, se imponen absolutamente las tranquilas por sobre las violentas.

 

¿Que haya zonas a las que no se puede acceder ha afectado el desarrollo del sector?

No. De partida, las industrias más importantes y las medianas no están en la zona de conflicto. Pero los agricultores que tienen bosques o terrenos en la zona sí se ven afectados por esta situación.

 

¿Dónde están las mayores inversiones?

En la VIII Región. Los focos del conflicto están en el sur por la costa, pero no es un problema que tenga al sector forestal amenazado como industria.

 

¿Le quita competitividad a la industria no poder operar en toda la IX Región?

 

No. En esa zona no hay industria nomás. Si se pudiera operar en todo el territorio, sería bueno para la región.

 

¿Quiere decir que si los privados contaran con esas tierras, no tendrían que invertir en otros países?

 

Por supuesto, y a lo mejor si tuviéramos un área tranquila, tendríamos la posibilidad de que otras compañías aparecieran, fortaleciendo el sector. Yo creo que las empresas chilenas saldrían igual al exterior, pero hoy hay otras, incluso extranjeras, a las que les gustaría invertir y no lo hacen.

 

¿En la zona del conflicto hay predios atractivos para la industria y que no se pueden usar?

 

Hay predios que son de propietarios forestales y de empresas forestales que no se pueden usar, pero no tenemos un catastro.

 

¿El conflicto ha condicionado las decisiones de inversión de la industria?

 

Es bien difícil medir si afecta o no, porque no hay cómo saber cuántas inversiones no se hicieron. La impresión nuestra es que es súper difícil invertir en cosas agrícolas en esa zona. Ahora, pareciera que la industria está súper preocupada, pero la verdad es que este es un conflicto localizado en un área no tan chica, pero que tampoco es todo Chile, y las empresas tienen su actividad muy importante en otras partes. Lo que ha pasado es que, muy seguramente, hoy día nadie está pensando en invertir en proyectos agrícolas o forestales en el área afectada.

 

El rol del gobierno

 

¿Qué le parece la forma en que el gobierno ha enfrentado este conflicto?

 

Hay un esfuerzo, pero no se ven muchos resultados.

 

¿Qué medidas los dejarían más tranquilos?

 

Este no es solamente un problema del gobierno. Hay distintos sectores que tienen que ayudar. Es la sociedad completa la que tiene que rechazar la violencia como una salida. En los foros de internet hay gente que empieza a justificar incluso el asesinato del matrimonio Luchsinger. Pero esos no son los medios para solucionar los problemas en una sociedad civilizada, y vemos que no tiene nada que ver la legitimidad de las peticiones de estos grupos con la forma en que las plantean.

 

¿Qué otros actores deberían pronunciarse sobre el tema?

El silencio por parte de líderes de opinión sobre este tema ayuda a que quienes cometen estos hechos sientan que no los rechazan. Los líderes de opinión tienen responsabilidades sociales, por ejemplo, en orientar a la gente. Y algunos, por no meterse en problemas o porque no les parece tan mal, no están rechazando de plano esto, aunque debieran hacerlo.

 

¿Ha sido suficiente lo que ha hecho el gobierno?

 

Aquí no se trata sólo de cargarle la mano al gobierno porque no hizo algo o porque mandó pocos carabineros. Porque cuando hay cualquier evento, al primero que miran es al carabinero y nadie se preocupa de cómo actuaron los delincuentes. Entonces, el orden social está trastocado y es el caldo de cultivo de toda esta historia. ¿Qué esperaría del gobierno que asumirá en marzo?

 

Se requiere un acuerdo político transversal para llegar a un rechazo social completo de esta situación.

 

¿Es necesaria más presencia policial en la zona?

 

No es sólo eso, porque estamos omitiendo otra parte. Esta es que mucha gente de las comunidades puede sentir que estas personas trabajan a favor de su causa o que los están ayudando, cuando en realidad no es así. Esto también habla de incapacidad de dar soluciones a su marginación económica y social.

 

Este tema tiene dos lados: hay quienes trabajan constructivamente en resolver los problemas que tienen las comunidades, para que no se sumen a estas soluciones mágicas que no tienen destino y que son las violentas. Por otra parte, la sociedad debe defenderse y hay que cumplir la ley.

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