Imprimir
PDF
14
Mayo
2015

Colombia: Afirman que la reforestación comercial puede ser sostenible

Compartir en FacebookCompartir en Twitter

En Colombia se producen alrededor de 1,2 millones de toneladas de papel cada año, de los cuales cada colombiano consume 28 toneladas, según las cifras de la Cámara de la Industria de Pulpa, Papel y Cartón de la Andi.

 

 

 

Fuente: El Mundo

 

COLOMBIA (14/5/2015).- Muchas son las dudas y oposiciones que se generan frente a la plantación de eucaliptos y pinos para la reforestación comercial, actividad que tiene como objetivo abastecer la producción de papel y cartón en el país.

 

Y no es para menos ya que su proceso requiere cientos de metros cúbicos de agua, recurso que por ende se ve explotado de los yacimientos hídricos de los ecosistemas donde interviene. Lo que provoca reacciones en contra de los ambientalistas que promueven la protección del medio ambiente.

 

Sin embargo, la producción de papel y cartón es muy necesaria para la población colombiana, ya que con ella se producen bienes esenciales de la canasta básica familiar, como lo son el papel higiénico o las toallas femeninas.

 

 

Por eso Guillermo Vásquez Velásquez, docente de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, y quien es defensor de los recursos hídricos, sostuvo que en los primeros años de vida de las plantaciones forestales es cierto que su porcentaje de utilización del agua puede ser de hasta el 10% más de lo normal de un bosque natural, pero no “toman tanta agua como se suele especular”, porque “se han tejido muchos mitos sobre las plantaciones forestales, sobre los bosques plantados, no sólo en Colombia, es en todo el mundo”.

 

 

De acuerdo con el catedrático, un proyecto económico de cualquier tipo, uno cafetero, ganadero, arrocero, cañero o forestal debe ser rentable económicamente para que los inversionistas se sientan atraídos por eso, que genere empleo y bienestar para las comunidades involucradas; y que ambientalmente no genere impactos dañinos. Un proyecto forestal que tenga esas condiciones -como pueden ser muchas empresas forestales que hay en Colombia con el mejoramiento de las condiciones de protección del suelo y regulación de caudales, “está cumpliendo con el principio ambiental. Y si además está generando impactos sociales de generación de empleo, salud, educación para los niños, etc., está cumpliendo con el objetivo de sostenibilidad social”.

 

 

Es así que en el país hay 50 zonas forestales autosostenibles, como lo confirmó la directora de la Cámara de la Industria de Pulpa, Papel y Cartón de la Andi, Isabel Cristina Riveros, quien adujo que “la producción de papel es sostenible porque no se hace una tala indiscriminada, además mantenemos un extremo cuidado con el medio ambiente y con la trazabilidad del producto, que obliga a que la madera utilizada para la producción de papel sea sólo la de las zonas cultivadas”, lo que obliga a las compañías a lograr una reforestación comercial responsable, ya que en las plantaciones no sólo habitan especies de flora sino también animales silvestres

 

Un ejemplo de ello es el trabajo que adelanta la productora de papel y cartón Smurfit Kappa, conocida anteriormente como Cartón de Colombia, que tiene sembrado un 24% en eucalipto y un 37% en pinos en sus más de 68.000 hectáreas de zonas forestales. Sin embargo, sólo 46.000 hectáreas son de área productiva, porque 21.000 (30%) son bosques naturales conservados, es decir que son “intocables”, según Ricardo Gómez, ingeniero de Desarrollo Social y Ambiental de la compañía para el Eje Cafetero, quien destacó que esas zonas sirven para “la preservación de fuentes hídricas y para la conservación de flora y fauna”.

 

 

Negocio de largo plazo

 

La reforestación comercial es un negocio que su rentabilidad no se ve sino en el largo plazo, debido al tiempo de maduración de las plantaciones.

 

Por ejemplo, un eucalipto tiene un lapso en el proceso de siembra y cosecha de siete años, mientras el del pino demora 20 años. Razón por la cual para esta actividad se recomienda hacer siembras escalonadas por cada año. Para que una vez esté lista la primera cosecha, el negocio sea continuo año tras año.

 

Aunque para que estas plantaciones puedan funcionar, se deben tener en cuenta unas condiciones mínimas del cultivo.

 

De acuerdo con Gómez, se pueden sembrar estos árboles “en zonas donde llueva por encima de los 1.300 milímetros al año, que sean suelos que estén por encima de 1.000 metros sobre el nivel del mar (msnm) si es para eucalipto y de 1.600 si es para pino”.

 

Para ello, se debe tener muy en cuenta que establecer una hectárea de plantación forestal (pino o eucalipto) cuesta en promedio $2,7 millones en el primer año, aunque en los siguientes ya hay otros costos menores asociados al mantenimiento.

 

Es así que una hectárea de eucalipto produce unas 250 toneladas de madera –que es requerida para papeles blancos de imprenta y escritura- y de pino unas 350 toneladas, que se utiliza para papeles de alta resistencia como sacos de cemento.

 

Aunque obtener los insumos para la producción no sólo depende del proceso de silvicultura (mantenimiento de los cultivos) sino también de los costos asociados. Según el ingeniero de Desarrollo Social y Ambiental de Smurfit Kappa, “poner una tonelada de madera en la planta industrial (donde se procesa) puede estar valiendo unos $120.000”. Pero los costos están divididos en tres partes: madera en pie (desde la plantación hasta cosecha) que puede ser de unos $40.000, otros $40.000 es lo que vale hacer el aprovechamiento de ella (dimensionarla, desramarla, llevarla a borde de vía, subirla a un camión) y $40.000 es el flete para llevarla a la planta industrial.

 

Todo esto demuestra que este negocio es de largo plazo, pero una vez se logra esperar ese tiempo para recoger la cosecha, los frutos se evidencian con un pago, en promedio, de entre $30.000 y $35.000 por tonelada de madera en pie (sin talar). Es decir que por una hectárea de eucalipto se pagarían entre $7,5 millones y $8,75 millones; y por la de pino entre $10 millones y $12,2 millones.

 

 

 

Un empleo por cada catorce hectáreas

 

A las 5:00 de la mañana Filmar Muñoz se despierta para hacer sus respectivos quehaceres en la finca La Selva, donde vive con su esposa y sus tres hijos. Sobre las 8 de la mañana ya ha hecho un recorrido de 40 minutos en carro para llegar a la finca Ángela María, en el municipio risaraldense de Santa Rosa de Cabal.

 

La tarea de Filmar, quien es administrador de finca, es intervenir los procesos de calidad de los sembrados de eucalipto y pino. Es por eso que se encarga de revisar que en una hectárea sí se siembren 1.111 árboles, ni más ni menos. Además, supervisa que el trazo sea de 3x3, es decir, tres metros de distancia entre uno y otro. Y el hoyo debe quedar de 30 centímetros (cm) de largo, por 30 cm de ancho y por 30 cm de profundidad.

 

“Es un control de calidad para un mejor desarrollo del árbol, porque si no el árbol se va a demorar mucho más tiempo en cosechar y será menos productivo (menos toneladas por hectárea)”, explicó Filmar, quien hace parte de los 2.800 empleos rurales de calidad que genera Smurfit Kappa, en el que la remuneración más baja es de un salario mínimo mensual legal vigente (smmlv) más todas las respectivas prestaciones sociales que devenga un descortezador o la más alta que es para los motosierristas.

 

Esta cifra es relevante si se tiene en cuenta que, en promedio, por cada catorce hectáreas de zonas de reforestación comercial se genera un empleo permanente de calidad, aseguró Nicolás Pombo, gerente de la División Forestal de la compañía, quien manifestó que según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) por cada puesto de trabajo directo se producen otros cuatro indirectos en la industria papelera y reforestación comercial, lo que deja unos 15.000 empleados en este sector en Colombia

 

show_section: Sur Forestal