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05
Mayo
2014

“La fortaleza de Uruguay es que la forestación es una política de Estado que el Frente no frenó”

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Entrevista a Pierre Gautreau en El Observador Agropecuario, autor del libro Forestación, territorio y ambiente. 25 años de silvicultura transnacional en Uruguay, Brasil y Argentina. "A mí me interesa comparar cómo la sociedad uruguaya consigue mirar y estimar los beneficios y las desventajas de cambiar su matriz productiva agropecuaria. Trato de dar una mirada, lo más precisa posible, al funcionamiento de la silvicultura para distinguirla de la soja o de la agricultura porque no son comparables. La silvicultura funciona en Uruguay basada en la compra de tierras, algo raro en el mundo. En cambio, la mayor parte del modelo sojero está basado en el arrendamiento. El marco jurídico e impositivo de la forestación también es diferente al de la soja, incluido el modelo celulósico, organizado a partir de la exportación desde las zonas francas. Uruguay renuncia a la parte que da más ganancias del sector. Y una tercera diferencia es la estructura de productores, donde Uruguay tiende a concentrarse en pocas empresas", explica.

Fuente: El Observador

 

URUGUAY (4/5/2014).- ¿Cómo surge la idea del libro Forestación, territorio y ambiente que acaba de publicar?
La idea principal es dar insumos diversos a la gente que quiera pensar el modelo de desarrollo en Uruguay. No opté por la forestación porque crea que haya que focalizarse en ella, sino porque es uno de los rubros modernos con sus 25 años en el país, que llega en la década de 1990 y marca la intensificación agrícola en Uruguay. Con un comienzo a mediados de 1987, es un rubro muy interesante para analizar cómo el país intensificó su producción, ver sus aspectos políticos, ambientales y sociales del modelo.



El libro plantea que se trata de un modelo regional.
Porque otro aspecto que me interesó fue ver cómo Uruguay responde a problemas  y desafíos en comparación con sus vecinos.



¿No le interesó comparar la forestación con la soja, que tuvo un proceso impactante?
A mí me interesa comparar cómo la sociedad uruguaya consigue mirar y estimar los beneficios y las desventajas de cambiar su matriz productiva agropecuaria. Trato de dar una mirada, lo más precisa posible, al funcionamiento de la silvicultura para distinguirla de la soja o de la agricultura porque no son comparables. La silvicultura funciona en Uruguay basada en la compra de tierras, algo raro en el mundo. En cambio, la mayor parte del modelo sojero está basado en el arrendamiento. El marco jurídico e impositivo de la forestación también es diferente al de la soja, incluido el modelo celulósico, organizado a partir de la exportación desde las zonas francas. Uruguay renuncia a la parte que da más ganancias del sector. Y una tercera diferencia es la estructura de productores, donde Uruguay tiende a concentrarse en pocas empresas. Algo que no preveía la ley aprobada en 1987, que reconocía la existencia de grandes productores madereros, pero también apuntaba a tener una franja de medianos y pequeños, que tendió a desaparecer o se achicó mucho a partir de 2000.



¿Le ha interesado conocer cómo se produce en la forestación?
Sí, pero vinculado al impacto ambiental y laboral. Lo que más me interesa, como digo en el libro, es qué aprendió Uruguay de convivir con semejantes empresas.



¿Cuánto tiempo le demandó la investigación?
Comenzamos en 2006 con varias investigaciones al mismo tiempo. Hice trabajo de campo en Uruguay, en el sur de Brasil y en el este argentino. Fueron unos seis años. Como dije, intento dar un insumo complejo para pensar el tema de manera regional. No es un libro sobre medioambiente ni economía. La obra incluye una revisión bibliográfica a modo de balance de lo publicado en la región sobre el tema. Luego destacaría dos aportes originales. Por un lado, una investigación con trabajo de campo que nos permitió realizar un mapeo sobre los efectos territoriales en Bagé (Brasil), y en Treinta y Tres y Cerro Largo. Por otro lado, en el libro hay un racconto de las medidas que se adoptaron para regular los efectos ambientales del sector en Brasil y en Uruguay.

 

¿Cómo le parece que reaccionó el Estado uruguayo a la expansión de la forestación?
Una fortaleza de Uruguay es que la forestación es una política de Estado que el Frente Amplio no frenó, aunque voceros del sector se quejen de que existan más restricciones y una falta de empatía política con la forestación. Si se miran los hechos, el cambio político no afectó en nada el modelo forestal del país. Uruguay se caracteriza por un apoyo monolítico del Estado al sector forestal. En Brasil, eso no ocurre. Y en Argentina la característica principal es una política errática hacia el sector. Uruguay logró llegar al millón de hectáreas de especies muy demandadas en el exterior, por esa política estable y homogénea del Estado.



Según la investigación, ¿qué repercusiones territoriales y en las poblaciones tuvo la forestación cuando comenzó la expansión?
Las promesas de la silvicultura, de las empresas, fueron no competir con los rubros preexistentes, realizar una gestión eficiente de los ecosistemas y traer el desarrollo a las zonas rurales. En este punto es donde uno puede discrepar con el discurso oficial y pongo un ejemplo muy simple. Tranqueras es un pueblo inmerso en la zona forestal, fue la primera en el desarrollo forestal y está rodeada de pinos desde principio de los años de 1990 y está entre los lugares con menores índices de desarrollo humano. Somos conscientes, y en ello hay unanimidad, de que la forestación aporta al erario público un monto mayor del Producto Interno Bruto (PIB) que si el millón de hectáreas que ocupa siguieran explotadas por la ganadería, aun la más intensiva. El tema es cómo se reparte esa ganancia a nivel local. Hay un estudio que demuestra que vivir en una zona rural donde hay mucha silvicultura puede redundar en peores condiciones de vida. Por otro lado, en zonas pequeñas –no hablo de ciudades o pueblos–, la silvicultura incentiva la salida de productores familiares hacia las ciudades, colaborando con la tendencia del campo uruguayo a vaciarse.



¿Cuál es su principal conclusión luego de escribir el libro?
Mi pregunta es qué aprendió Uruguay después de lidiar tantos años con las transnacionales. Y mi principal conclusión es que no se ve un avance regulatorio respecto al sector. Me parece que el sistema que sustenta la silvicultura tal como se ideó cuando uno pone el dedo en el engranaje cuesta mucho salir y torcer el rumbo del desarrollo que adoptó el sector. En particular por la razón de que se atrajeron a esas empresas en torno al sistema de las zonas francas. Es decir: Uruguay no recauda impuestos por el 70% del valor que produce el sector. Se exportan más beneficios de los que quedan en el país y, en el plano laboral, que es uno de los beneficios que quedan, la supremacía de empresas multinacionales concentra la producción, lo que desalienta la instalación de pequeñas empresas y productores.

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