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04
Octubre
2013

Investigan ecosistemas áridos en Venezuela para desarrollar estrategias de conservación

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Cotorra margariteña / Foto: Ministerio de AmbienteEn la península de Macanao, situada al extremo oeste de la Isla de Margarita en el estado Nueva Esparta, la industria arenera mantiene en constante amenaza a los bosques secos hallados en los cauces de las quebradas y, por consiguiente, a la biodiversidad que en ellos reside. Para diseñar estrategias de restauración ecológica más útiles en la localidad, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) estudia los ecosistemas áridos en su condición natural, en estado de perturbación y en áreas parcialmente recuperadas.

 

Fuente: IberoCiencia

 

VENEZUELA (4/10/2013).- La iniciativa recibió financiamiento del Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Innovación a través del Programa de Estímulo a la Innovación e Investigación (PEII), en el cual también participa la Universidad Simón Bolívar.

 

La investigadora del Laboratorio de Ecología de Suelos del Centro de Ecología del Ivic, Laurie Fajardo, explicó que la extracción de arena usada para la construcción es una de las actividades antrópicas con mayor impacto en Macanao “ya que no se transporta arena de tierra firme. Como consecuencia, se ha destruido el hábitat de numerosas especies animales y plantas, muchas de las cuales son endémicas y se encuentran en riesgo de extinción, como la cotorra cabeciamarilla o margariteña (Amazona barbadensis)” dijo en referencia al ave regional según decreto estadal del año 1990.

 

De hecho, el guayacán (Guaicum officinale), designado como árbol emblemático de la entidad insular en 1952, crece en los bosques secos de la península de Macanao. “La destrucción de los mismos por acción de las areneras ha provocado la disminución de sus poblaciones naturales, siendo actualmente una especie vulnerable a la extinción. Este tipo de ecosistemas se caracterizan, más que por su diversidad, por su endemismo” dijo Fajardo.

 

Tierra equivale a vida

 

Más del 40% de la superficie del suelo del mundo está cubierta por tierras secas, donde viven aproximadamente 2.100 millones de personas, es decir, un tercio de la población global. Según la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), estas zonas abastecen al 50% del ganado, representan casi la mitad de los cultivos y dan sustento a 30% de la diversidad vegetal.

 

En Venezuela, las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas susceptibles a la desertificación ocupan 40% del territorio, exactamente 396.503 km² de acuerdo con el Ministerio del Poder Popular para el Ambiente. A pesar de su abundancia y fertilidad, las tierras secas pueden transformarse en desiertos y perder así su funcionalidad debido a la aridez, dada por la disponibilidad o escasez de agua; y la presión humana.

 

En la Isla de Margarita, los ecosistemas xerófilos son uno de los ambientes con mayor diversidad de aves, incluyendo subespecies endémicas. Sin embargo, “en ninguna arenera se ha recuperado la vegetación original y presentan signos de erosión, a pesar de que, en algunos casos, han transcurrido más de 20 años desde la suspensión de la actividad de explotación” se lee en la ficha técnica del proyecto.

 

Su coordinadora, la investigadora del Laboratorio de Biología de Organismos del Centro de Ecología del Ivic, Virginia Sanz, informó que los bosques secos no forman parte de espacios urbanizados pero se hallan próximos a pequeños poblados. “Tratamos de buscar métodos de recuperación ecológica más económicos y eficientes en cuanto a recurso humano e inversión, estimulando el proceso natural a través de la siembra de algunas plantas para que las aves dispersoras de semillas hagan el resto” dijo.

 

Granitos de esfuerzo

 

El trabajo de campo se enfocó en tres aspectos. El primero consistió en evaluar la estructura de la vegetación a lo largo del gradiente de perturbación. Para ello, se hicieron muestreos en el sector Comején del Parque Nacional Laguna de La Restinga y la quebrada Chacaracual (áreas naturales), así como dentro de una arenera operativa (área degradada) y un área recuperada hace siete años por la investigadora Laurie Fajardo, como parte de su tesis de doctorado realizada en el Ivic.

 

El segundo aspecto estudiado fueron los cambios estacionales y espaciales de las comunidades de aves en las tres condiciones, para lo cual se realizaron muestreos mensuales con redes de neblina y censos auditivos y visuales, se identificaron los renglones alimenticios consumidos a través del análisis de las heces y se recolectaron las semillas dejadas por los animales en el suelo para conocer el patrón de deposición de las mismas.

 

Por último, se cuantificó estacionalmente la diversidad y abundancia de recursos alimenticios como insectos, flores y frutos para establecer las redes de interacciones entre las aves y sus distintas fuentes de alimento. La idea es determinar cómo las variables climáticas (temperatura, humedad y precipitación) y las variables bióticas medidas influyen en el inicio e intensidad del crecimiento floral y la abundancia de insectos. Además se establecerá el papel de las aves como eficientes dispersores de semillas a través de ensayos de germinación de semillas provenientes de heces de los animales capturados.

 

Avances

 

El proyecto está actualmente en fase de procesamiento de muestras y análisis de resultados, algunos de los cuales serán presentados en el X Congreso Venezolano de Ecología a realizarse del 18 al 23 de noviembre en el estado Mérida. Sin embargo, de acuerdo con Fajardo, los resultados preliminares del estudio sugieren que las áreas naturales o cardonales presentan mayor número de especies que las restauradas, aunque tienen menor diversidad general debido al predominio acentuado en la abundancia de especies de cactáceas. Por su parte, las áreas restauradas, pese a tener menos especies, tienen valores de abundancia más equitativos.

 

“Con la restauración buscas el retorno a un estado lo más próximo posible a lo que estaba antes de la perturbación; en cambio, con la recuperación se pretende el rescate de la funcionalidad del ecosistema, lo que no implica regresar a su condición inicial. En todo caso, cada situación es particular y requiere de mucha investigación y experimentación, no existe una receta única. La velocidad con la cual un sitio se regenera dependerá de la intensidad de la degradación, pero es poco probable para una persona ver el regreso a ese estado parecido al original” aseguró Fajardo.

 

Hasta diciembre del año 2020, estará vigente el Decenio para los Desiertos y la Lucha contra la Desertificación, inaugurado en 2010 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para promover acciones dirigidas a proteger las tierras secas del mundo del deterioro y potencial degradación en desiertos. Siendo Venezuela signataria de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía, no hay cabida para la inacción.

 

Por Vanessa Ortiz/IVIC

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